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• Las agavinas revierten los efectos causados por el sobrepeso y la obesidad, por lo que podrían emplearse en el tratamiento de estos padecimientos, además de síndrome metabólico, diabetes y osteoporosis. • México es considerado cuna del género Agave, con aproximadamente 280 de las más de 300 especies que se conocen. 

El agave o también llamado maguey es una planta perenne especialmente conocida por su uso en la elaboración de bebidas alcohólicas como el tequila y el mezcal. Sus múltiples aplicaciones, las cuales van desde la elaboración de tejidos, alimentos, productos de uso doméstico, además de poseer propiedades medicinales de interés para la investigación, han hecho de esta planta un símbolo de importancia económica y cultural en México.

Por lo que desde hace más de dos décadas, Mercedes Guadalupe López Pérez, investigadora adscrita al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), unidad Irapuato, comenzó a estudiar la fisiología de diferentes especies de agaves, encontrando en 2003 por primera vez la presencia de fructanos en agaves. Los fructanos son prebióticos que estimulan el desarrollo de bacterias benéficas para el organismo, conocidas como probióticos.

Después de realizar diferentes estudios y experimentos con ratones de laboratorio, el grupo de investigación de la doctora López Pérez comprobó que las agavinas revierten los efectos causados por el sobrepeso y la obesidad, por lo que podrían emplearse en el tratamiento de estos padecimientos, además de síndrome metabólico, diabetes y osteoporosis.

 ¿Qué son las agavinas?

Son carbohidratos de reserva de los agaves, constituidos por polímeros de fructosa y la presencia de una sola molécula de glucosa con enlaces y ramificaciones muy únicos.

López Pérez explicó que a principios del año 2000 encontraron que los agaves no acumulan almidón y sacarosa y en 2003 detectaron por primera vez que se trataba de fructanos, polisacáridos formados principalmente de fructosa. Dentro de los fructanos, los compuestos más conocidos son moléculas tipo inulina; en la última década, estas se han utilizado como prebióticos, y se extraen principalmente de la planta achicoria.

Inicialmente pensamos que los agaves también acumulaban fructanos tipo inulina, pero al utilizar varias herramientas analíticas, observamos que se trataba de una familia nueva de fructanos; en 2006, publicamos las estructuras moleculares de estos y nos atrevimos a bautizarlas, de ahí el término agavinas. Hoy en día sabemos que las agavinas son prebióticos, explicó la investigadora.

 Prebiótico y un Probiótico

Los prebióticos son azúcares no digeribles que favorecen el crecimiento de bacterias benéficas en el intestino grueso, como lactobacilos y bifidobacterias. En el intestino tenemos trillones de bacterias, buenas y malas, pero solo las buenas pueden tener la capacidad de fermentar las agavinas.­

Entonces un prebiótico es un carbohidrato no digerible, es decir, el humano no utiliza estos carbohidratos directamente, pero una vez que estos ingresan a su cuerpo, los probióticos (que están en el intestino grueso) transforman estos carbohidratos en ácidos grasos de cadena corta, generando un impacto en diferentes aspectos de la salud.

Agavinas y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad

La doctora López señaló que una vez que observaron que las agavinas hicieron un estudios in vitro donde comprobaron que las agavinas extraídas de diferentes especies de agaves presentaban potencial prebiótico; posteriormente comenzaron a experimentar en ratones sanos y se dieron dimos cuenta que la hormona relacionada con la saciedad (GLP-1) se producía más cuando los ratones consumían agavinas.

Posteriormente realizaron el mismo procedimiento pero utilizando ratones con sobrepeso y obesidad, descubriendo que las agavinas, además de modular hormonas relacionadas con saciedad, como GLP-1, leptina y grelina, en ratones obesos con daños metabólicos y fisiológicos se recuperaron, regresando a su peso normal.

México es considerado cuna del género Agave, ya que aproximadamente 280 de las más de 300 especies que se conocen en el mundo se encuentran en nuestro país.

Sin embargo es extremadamente importante mencionar que ni las bebidas alcohólicas ni el jarabe de agave contienen agavinas. Durante la elaboración de bebidas alcohólicas, las agavinas son fermentadas a etanol y en el caso del jarabe de agave, las agavinas son hidrolizadas a azúcares simples, por lo tanto, ninguno de estos dos productos tiene capacidad prebiótica.

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